Los límites deben ser puestos por los padres y respetados por todo el grupo familiar, el niño necesita tener una imagen firme de papá y mamá.
Sí es necesario evitar los
gritos, la indiferencia, la sobre protección.
Es necesario poner
límites en el momento justo, aquí y ahora, sobre la acción, nunca sobre el
niño, no debemos agredirlo, desvalorizarlo ni chantajearlo afectivamente.
Ejemplos de lo que no debemos hacer: “En que estás pensando, sos bobo, no te
das cuenta…”, “cuando llegue tu padre te arregla con una palmada, eso es lo que
tu estás buscando”, “Mamá se pone triste, me voy a ir a buscar a otro niño que
me quiera más”, etc.
Todos coincidimos en que
el niño necesita reglas, normas para crecer.
El exceso de libertad
hace que el niño se sienta perdido, no sepa como manejarse dado que carece de
normas que lo guíen.
El exceso de autoridad
hace que el niño viva reprimido y se sienta vigilado por sus padres.
Si queremos educar con
golpes o palmadas estaremos enseñando esto, habilitando al niño o niña a que
resuelva un conflicto pegando y no hablando o poniendo pautas claras. A veces
los niños son agresivos porque además son agredidos. Hay una frase anónima que
dice: “El que pega para enseñar, está enseñando a pegar”
El punto medio, sería
encontrar el equilibrio sin violencia ni excesiva libertad, educando con
límites firmes y claros, precisos sobre la acción que queremos controlar, nunca
sobre los afectos o sobre el niño.
Se debe dividir la
responsabilidad de la educación entre las familias y el Centro educativo. La escuela no
debe ni puede sustituir a la familia
PSIC. MARIELA FRANCO-
EQUIPO CEMUDI

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